domingo, 21 de junio de 2009

El gato, el hurón y el caracol


Eran tres amigos estupendos, que vivían en una pequeña granja en la montaña.

Cada día al amanecer salían corriendo a jugar, se revolvían entre las jaras y los matorrales. Se escondían entre las zarzas y los pinos y se deslizaban entre los jabugos hasta chocar de frente contra cualquier cosa.

El gato era muy listo y siempre protegía a sus amigos de todos los peligros.

Pero un día no pudo hacerlo, su amigo Hurón se alejó demasiado de la granja, sin darse cuenta.

Ellos, fueron a buscarle, pero no lo encontraron.

Pasó un día muy largo, que se hizo eterno.

Al día siguiente los dueños de la granja venían muy disgustados, las autoridades, habían encontrado el cuerpo de un pequeño hurón abatido por unos cazadores.

El gato se temió lo peor, se dio cuenta que era su amigo. No supo disimular su pérdida.

Cogió las cosas que tenía y partió sin rumbo fijo hacia no se sabe dónde.

El caracol trató de convencerle para que no se fuera, pero no lo consiguió.

Pasaron los meses y los días y el caracol moría de pena, de repente, había perdido a sus dos amigos y no podía seguir así.

Decidió ir en busca del gato para convencerle de que volviera.

Deambulo por campos y caminos, hasta que llegó a la ciudad. Para él era un mundo muy distinto y mágico al mismo tiempo que peligroso. Tenía miedo, pero no quería admitirlo porque para él era el más importante encontrar a el gato.

Recorrió calles estrechas y anchas, grandes avenidas, cubos de basura, preguntó a todos las personas que pasaban por allí, pero nadie le daba noticias.

Transcurrieron días y semanas, y cuando ya estaba rendido de agotamiento y se iba a dar por vencido se acurrucó en un rincón de un viejo callejón y se quedó profundamente dormido.

Pasaron un grupo de gatos por allí y comenzaron a burlarse del caracol, que se despertó sobresaltado.

De repente estaba allí, su amigo, le reconoció al instante y dijo a los demás que no se metieran con él. Marchense, dijo el gato, quiero hablar a solas con mi amigo.

¿Qué haces aquí?, le preguntó el gato.

¡He venido a llevarte de nuevo a casa!¡Allí eramos felices!, dijo el caracol. Escapar de lo que pasó no te servirá de nada. No puedes estar huyendo eternamente del dolor por la pérdida de hurón. Lo hemos perdido pero aun nos tenemos a nosotros. Si cada uno hacemos nuestra vida por separado será más difícil superarlo.

Caracol le convenció y volvieron a casa.

Por el camino, casi llegando a la granja vieron en el cielo unas nubes en forma de hurón, o al menos así les pareció a ellos.

Mira, dijo el caracol, es hurón que te da la bienvenida a casa.

Se quedaron en la granja y juntos vivieron hasta que se hicieron viejos.

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